El juicio de Ginebra fue bautizado por la prensa como "El Juicio de los Siglos", pero para Mila Vanzant, fue simplemente la última capa de barniz antes de terminar su obra. Durante semanas, el mundo entero vio cómo los Invisibles eran desmantelados nombre a nombre, cuenta a cuenta. Mila y Dante, sentados en el banquillo de los testigos, no parecían criminales, sino los arquitectos de una nueva realidad.Gracias a la inmunidad negociada a cambio de los archivos del chip, ambos evitaron la prisión permanente. Sin embargo, el precio fue la "muerte civil". Al salir del juzgado, Mila Vanzant y Dante Cavallaro dejaron de existir oficialmente.Seis meses después.Isla de Procida, Italia.El sol de la tarde bañaba la terraza de una casa de piedra blanca que olía a jazmín y a mar. No había cámaras, ni helicópteros, ni códigos ocultos bajo la piel. Mila estaba frente a un caballete, pero esta vez el lienzo no era una f@lsificación de un maestro muerto. Era una explosión de colores vivos, una té
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