Tres meses después de la caída de Caleb Blackwood, Lunaris no era solo el refugio de Aitana; era su reino. La ciudad de cristal y asfalto bullía con la noticia del evento cultural del año: la gran inauguración de la galería "Nieve y Sándalo", una colaboración entre la fotógrafa más enigmática del continente y el mecenas más poderoso del Sur.Aitana se encontraba frente al espejo del camerino, ajustando los detalles de su vestido. No era el blanco virginal que el protocolo del Norte exigía, ni el negro de luto de su huida. Era un vestido de seda en un tono azul medianoche, profundo y vibrante, que parecía capturar la luz de las estrellas. En su cuello, ya no colgaban las joyas de los Frost; en su lugar, llevaba una fina cadena de plata con un pequeño prisma de cuarzo, un regalo de Leo que, según él, "refractaba la verdad".—Estás radiante —la voz de Leo resonó en la habitación.Aitana se giró y sintió que su corazón daba un vuelco, una sensación que, a pesar del tiempo, no había perdid
Leer más