Tres meses después de la caída de Caleb Blackwood, Lunaris no era solo el refugio de Aitana; era su reino. La ciudad de cristal y asfalto bullía con la noticia del evento cultural del año: la gran inauguración de la galería "Nieve y Sándalo", una colaboración entre la fotógrafa más enigmática del continente y el mecenas más poderoso del Sur.
Aitana se encontraba frente al espejo del camerino, ajustando los detalles de su vestido. No era el blanco virginal que el protocolo del Norte exigía, ni e