Capítulo 9: El último regalo Después de aniquilar a Héctor y todos sus restos, la vida se redujo a un vacío silencioso. Nicolás había fallecido meses antes, víctima de una recaída cardíaca, dejándome más sola que nunca. Camila, aún paralizada, pasaba sus días en una residencia, mientras Diego y Lucía luchaban por sobrevivir en un mundo que había olvidado nuestra causa. Yo caminaba entre las ruinas del Centro Sofía, entre cenizas y recuerdos, sosteniendo las dos pulseras —la de mi abuela y la de Leo—, hasta que tomé una decisión definitiva: ir a reunirme con mi hijo, poniendo fin a esta agonía. Pero antes, quería dejar un legado que durara.Pasé semanas preparando todo. Reuní los últimos recursos que quedaban después de la venganza: fondos ocultos, propiedades no confiscadas y documentos que demostraban la verdad sobre nuestra lucha. Busqué a Diego, Lucía y Camila, y los reuní en la casa vacía donde había vivido con Nicolás y Leo. “He decidido ir con él”, dije, sin rodeos. Sus rostros
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