Un año después. El sol de primavera bañaba las viñas de Bodegas Valdez en Valencia, donde las parras ya mostraban los primeros brotes verdes del nuevo ciclo. Mateo corría entre las filas, su risita clara resonando por todo el campo mientras recogía piedras pequeñas para construir lo que llamaba su “castillo de vinos”. Tenía ocho años ahora, y su amor por la tierra y el vino ya era evidente – cada mañana preguntaba por el estado de las plantas, aprendía los nombres de cada variedad de uva, y ayu