Capítulo 8: La renacimiento de la furia Los meses después de la muerte de Leo, el incendio del Centro Sofía y el ataque de Nicolás pasaron en un torbellino de dolor y desesperanza. Nicolás, aunque viviente, permanecía en silencio, sus ojos vacíos, incapaz de enfrentar la realidad. Lucía cuidaba de nosotros, mientras Camila seguía en coma en el hospital. Diego trabajaba incansablemente para rastrear a los últimos cómplices de Héctor, pero cada día parecía confirmar que la destrucción era irreversible. Yo pasaba horas en el cementerio, frente a la tumba de Leo, sosteniendo las dos pulseras —la de mi abuela y la pequeña que él me había dado—, hasta que un día, el dolor se transformó en una furia fría, calculada.Decidí dejar atrás la mujer que había sido, la que creía en la reconciliación y la esperanza. Nacía una asesina impecable, entrenada en el arte de la destrucción, con un único objetivo: aniquilar a Héctor y todo lo que le pertenecía. Empecé por aprender técnicas de lucha, de esp
Leer más