Las viñas de Mendoza se extendían hasta donde alcanzaba la vista, doradas por el sol de la tarde. En la terraza de mi nueva bodega – Bodegas Valdez – sostenía un vaso de malbec reserva, sintiendo el calor del cristal en mis dedos callosos. Había pasado tres días desde la cena de fin de año, y aún no podía creer cómo en cuestión de horas, el mundo que había construido junto a Ricardo se había venido abajo como un castillo de naipes.
Ana se acercó con una tablet en la mano, su rostro serio como s