Carol abrió los ojos despacio. La luz del sol entraba suave por las cortinas entreabiertas. Por primera vez en meses, había dormido sin pesadillas. Sin despertarse cada hora pensando en deudas, en hospitales, en manos desconocidas. Se estiró y sintió el cuerpo pesado, pero no roto. Solo cansado.
Estrella estaba mejorando. Pronto llegaría el donante compatible. Y ya no tendría que rogara cada noche, que el hombre que la tocara no fuese un animal. Se sentó en la cama y tomó el teléfono de la mesit