Cap. 130 Es una Bianchi
Ginevra, la reina del caos, la dueña de las palabras, se quedó muda. Solo pudo asentir, una y otra vez, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y Marco le colocaba el anillo en el dedo.El jardín estalló en aplausos. Dayana lloraba abrazada a Ares. Felicia rugía como un motor fuera borda. Bárbara, desde la puerta, sonreía con una satisfacción que no podía ocultar.Y entonces, un rugido destrozó la armonía:—¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO!Vittorio Bianchi irrumpió en el jardín como un huracán de indignación. Su bastón golpeaba el suelo con cada paso, su rostro enrojecido por la ira.—¡Mi hija no se casa con un don nadie! —bramó, señalando a Marco con el bastón.—¡Este... este empleado! ¡Este subordinado! ¡No tiene sangre, no tiene apellido, no tiene nada!Ginevra se tensó, lista para saltar en defensa de su amado. Pero antes de que pudiera articular palabra, dos voces se alzaron al unísono:—Cállate, Vittorio.Ares y Bárbara. Juntos. Mirando al patriarca con una autoridad que ni
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