Luego de decir aquello, Massimo supo que no iba a hacer cambiar de opinión a su hijo, así que se calló y escuchó todo lo que Luciano comenzó a contarle. El hombre no daba crédito a las acciones de su hijo, mucho menos a todas las consecuencias que venían de aquello.—Padre, ahora entenderás que, si hay alguien que es culpable, ese no es Moretti; si hay alguien culpable, ese soy yo. Mi dolor, mis miedos, la pérdida, la soledad y todo mi pasado me llevaron a cometer actos que no son considerados apropiados y debes reconocer que Moretti solo buscó cómo protegerme de mí mismo.—¿Por qué nunca me dijiste? ¿Por qué nunca has podido confiar en mí Dime, ¿acaso no te fui lo suficientemente claro hace años, ¡Dios, Luciano! ¡Eres mi hijo! Tú deberías poder confiar en mí, ¿por qué no puedes hacerlo?—Massimo, padre, de verdad, quisiera hacerlo, pero, en ocasiones, la vida te lleva por caminos muy diferentes a los que planeas. ¿Acaso crees que me siento orgulloso de haber puesto en riesgo tu vida y
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