Luciano llegó al lugar adonde llevarían a Barbara y Edgar, como era de esperarse, el hombre había llegado mucho antes que ellos. Lo cual, le dio oportunidad de admirar la ciudad desde ese punto, mientras lo hacía, fumó varios cigarrillos, los cuales, le ayudaban a calmar un poco su ansiedad.Odiaba hacer ese tipo de cosas, pues sentía que traicionaba varias promesas que había hecho en el pasado, pero, estaba más que claro que, si no hacía lo que ya tenía en mente, aquella mujer en algún momento, se le saldría de las manos.El sonido de la lluvia, el aroma a tabaco y las notas que sonaban dentro de su auto, creaban un ambiente sereno para él.Aquello le resultaba bastante irónico, pues lo que haría en unos minutos, no requería nada de serenidad; al contrario, sabía que tan pronto como viera llegar a ese maldito par, dejaría salir todos sus demonios.Luciano cerró los ojos por un momento, aquello le pareció un breve instante; sin embargo, aquel instante habían sido varios minutos. Luego,
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