La noche transcurrió con la calma que avecinaba una tormenta, pero, en ese momento, solo importaba ese abrazo, esas respiraciones relajadas, el aroma que a cada uno tranquilizaba, pero, tal como si el destino no pudiera más, la noche terminó, el sol salió y mostró lo que Amelia tanto temió.El embarazo había estado haciendo que durmiera de más cada mañana, para cuando despertó, descubrió que estaba sola y que Luciano ya no le acompañaba, lo cual provocó que esta se levantara con la misma extraña sensación que estos días la acompañó.Al salir de la habitación, no sabía bien qué era, pero algo le decía que hoy no sería un día normal, eso estaba más que claro.- Buenos días, señora… -dijo Tere al verla entrar a la cocina. - ¿Cómo amaneció?- ¡Hola, Tere! ¡Buenos días! Todo bien, dime… ¿Estoy soñando o Luciano llegó anoche?- No, no está soñando, el señor sí llegó anoche, se notaba muy cansado… Se ve que el pobre tuvo un largo viaje, no sé qué está sucediendo en Italia, pero es seguro que
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