Edgar, al mirar el rostro lleno de desconcierto de Luciano, supo que esa era su oportunidad. Estaba más que claro que, Barbara no le era de utilidad, así que buscaría la manera de salvar su pellejo.
El saberse casi a salvo, hizo algo que puso la balanza totalmente en su contra, pues con una burlona sonrisa dibujada en su rostro dijo:
- Ahora ya sabes que, si me matas, nunca podrás saber qué sucedió con mi hija. Si me matas ahora mismo, jamás podrás averiguar nada sobre ella.
Edgar se sentía t