La noche transcurrió con la calma que avecinaba una tormenta, pero, en ese momento, solo importaba ese abrazo, esas respiraciones relajadas, el aroma que a cada uno tranquilizaba, pero, tal como si el destino no pudiera más, la noche terminó, el sol salió y mostró lo que Amelia tanto temió.
El embarazo había estado haciendo que durmiera de más cada mañana, para cuando despertó, descubrió que estaba sola y que Luciano ya no le acompañaba, lo cual provocó que esta se levantara con la misma extraña