Paolo permanecía sentado en un banco que había en aquella fría celda. Al llegar ahí, la policía le había proporcionado ropa y, aunque el lugar no era muy cómodo, él no tenia cabeza para otra cosa que no fuese su hija. Por alguna extraña razón, desde que Luciano mencionó que Vania ya había dado a luz y que, efectivamente, la bebé era suya, no pudo quitarse las ganas de conocerla. Paolo realmente sentía el deseo de conocer aquella bebé que llevaba su sangre, poco le importaba lo que le había estado repitiendo una y otra vez a Vania sobre aquella criatura, menos le iban a importar sus acciones, era padre y necesitaba conocer a su hija. Toda la noche se la había pasado pensando en solo dos cosas; la primera, era su hija, quería conocerla, quería cargarla, quería verla… La segunda, era el cómo se vengaría de su hermano por la golpiza que le había propinado. - Poli, ¿Cuándo me van a dejar ver a mi familia? ¡Exijo que me dejen ver a mi familia! -dijo Paolo ante la ansiedad que le estaba p
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