Paolo sintió el ardor de aquel duro golpe, se llevó la mano a la mejilla como primera reacción, quiso replicar, pero su instinto le dictó que era mejor no hacerlo.
- ¿Cómo pudiste hacerle eso a Vania? ¡ESTABA EMBARAZADA! ¿QUÉ DEMONIOS ESTABAS PENSANDO, PAOLO? -gritó Massimo, sintiendo cómo su ira iba en aumento.
- ¡YA ESTARÁS FELIZ! ¿VERDAD, LUCIANO? ¡ERES UN MALDITO DESGRACIADO! ¿TE CREES MUY SUPERIOR? ¿VERDAD? -gritó Paolo furioso.
- Ni un poco, créeme, ni un poco… Y no, no me siento superior,