- ¡Massimo! ¡Cariño! ¿Estás bien? -preguntó Diana sentándose a su lado.
- ¡No! No estoy bien, ¿cómo puedo estarlo? -dijo Massimo viendo hacia el suelo.
El hombre no podía creer cómo la maldita historia parecía repetirse luego de tantos años.
Levanto la mirada y vio a sus dos hijos, ambos se lanzaban miradas que él mismo sentía que ya había visto con anterioridad. Era como si la historia de Pietro y él se estuviese repitiendo más de 30 años después.
- Lu… Luciano, ¿cómo conseguiste esto? -dijo Ma