Paolo permanecía sentado en un banco que había en aquella fría celda. Al llegar ahí, la policía le había proporcionado ropa y, aunque el lugar no era muy cómodo, él no tenia cabeza para otra cosa que no fuese su hija.
Por alguna extraña razón, desde que Luciano mencionó que Vania ya había dado a luz y que, efectivamente, la bebé era suya, no pudo quitarse las ganas de conocerla.
Paolo realmente sentía el deseo de conocer aquella bebé que llevaba su sangre, poco le importaba lo que le había est