Punto de vista de NadiaEl amanecer llegó como una traición lenta.El cielo pasó del negro profundo al gris pálido, luego a un rosa tímido que se filtraba entre las copas de los árboles, iluminando un mundo que ya no se sentía mío. Habíamos corrido toda la noche, deteniéndonos solo cuando Damien o Adrian decidían que era seguro. Mis piernas ardían con cada paso, los músculos protestaban, pero el verdadero agotamiento no estaba en mi cuerpo. Estaba en mi mente, donde la presencia seguía latiendo, paciente, inagotable, como un segundo corazón que nunca necesitaba descansar.Adrian no me había soltado la mano en horas. Sus dedos estaban entrelazados con los míos, ásperos por la tierra y la adrenalina, pero firmes. Cada tanto apretaba, un recordatorio silencioso: estoy aquí. No te suelto. Damien caminaba unos metros por delante, explorando el terreno, girándose de vez en cuando para asegurarse de que seguíamos vivos y enteros.Ninguno hablaba mucho. Las palabras se habían vuelto pesadas,
Leer más