Punto de vista de Nadia
La ciudad nos tragó como una boca abierta y hambrienta.
Calles estrechas flanqueadas por edificios de ladrillo sucio, neones parpadeantes que proyectaban charcos de luz rosa y azul sobre los charcos de la lluvia reciente, el olor a kebab quemado y gasolina flotando en el aire nocturno. Corríamos por callejones que olían a orina y basura, saltando sobre contenedores desbordados y esquivando grupos de jóvenes que fumaban bajo toldos rotos. Cada esquina parecía una boca que