Punto de vista de Nadia
Corrimos.
No como antes, cuando huíamos de hombres armados y de un pasado que nos pisaba los talones. Esta vez corríamos de algo que ya estaba dentro de mí, algo que latía al mismo ritmo que mi corazón y susurraba con mi propia voz. Cada paso que daba hacía que la conexión vibrara más fuerte, como si el sistema celebrara que por fin me había movido en su dirección.
Adrian no me soltaba la mano. Su agarre era firme, casi doloroso, un ancla de carne y hueso en medio de una