Punto de vista de Nadia
El agua del río lamía los pilares del muelle con un ritmo lento y constante, como un corazón que late sin prisa. Estábamos apretados bajo la plataforma de madera podrida, el olor a algas y metal oxidado llenando cada respiración. El frío se filtraba a través de mi ropa mojada, pero era el frío interior el que me hacía temblar: la certeza de que, aunque hubiéramos escapado por unos minutos, la verdadera persecución acababa de comenzar.
Adrian me tenía rodeada con un brazo