Llevó el teléfono a su oído, y su voz, aunque rápida, se volvió gélida y profesional, la voz del heredero que toma el control de una crisis.—¡Ricardo! Soy yo. Deja lo que estés haciendo. En este mismo instante, quiero que todos esos encabezados, ese informe y cualquier rumor sobre mi esposa desaparezcan de cualquier plataforma digital. ¡Usa todo el poder de la compañía! Quiero que los medios, los blogs de chismes, los canales de noticias, todo, se borre en menos de una hora.Hizo una pausa, su voz se oscureció y miró a su madre.—Y Ricardo, escucha bien: quiero saber quién es el maldito traidor que filtró ese informe. Quiero nombres, cuentas, números de transferencia. Averígualo. Quien haya causado este escándalo se va a arrepentir. Lo va a pagar, y lo pagará caro. —Cortó la llamada.…
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