Siguió leyendo, devorando cada página de los informes. Las consultas, las estimulaciones, los tratamientos de fertilidad, las inyecciones... todos sin resultados, todos uno más doloroso que el otro.Por primera vez en años, Dereck sintió un remordimiento punzante: no había cuidado a Isabella. El sabor amargo de la culpa le llenó la boca. Si hubiera sabido la verdad de su dificultad, jamás la habría presionado tanto para tener un heredero.Dereck entendió, con una claridad gélida, que el no poder quedar embarazada representaba una humillación insoportable para Isabella dentro de un círculo social donde el apellido Salazar pesaba más que el amor o la compasión. En ese mundo, una esposa debía ser perfecta, fértil y silenciosa; todo lo que Isabella había dejado de ser por salvarlo a él.Él fingiría que no sabía la
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