El estruendo de un cañón sónico de Helix desgarró el aire, pero antes de que la onda de choque pudiera pulverizar la línea de defensa, una sombra densa, más oscura que la propia penumbra del eclipse, se materializó frente al Gran Árbol.Elyan ya no parecía el sabio sereno con el que Adrian había interactuado antes. Sus ojos, antes tranquilos, se habían tornado en dos pozos de un carmesí eléctrico, y su piel, pálida como el mármol antiguo, reflejaba la luz anémica del sol menguante. No era solo el líder del Enclave; era un Ser Ancestral, una criatura cuya existencia precedía a la propia fundación de la Orden Helix por siglos.—Daniel... —la voz de Elyan no salió de su garganta, sino que pareció retumbar desde el suelo mismo—. Has cometido el error de creer que mi dominio se limita a las raíces y las hojas. Olvidas que yo soy el dueño de la oscuridad que tanto invocas.En el instante que lo oyó, Daniel dirigió su mirada hacia él. Había escuchado esa voz cuando era apenas un niño, pero
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