POV. AmeliaEl taxi me dejó frente a la imponente puerta de la mansión y, por un instante, me quedé sentada sin moverme. La fachada blanca, perfecta, casi intimidante, parecía intacta, ajena al terremoto que llevaba dentro. Todo lucía igual. Sereno. Ordenado. Como si el mundo no acabara de inclinarse bajo mis pies.Pagué, bajé del taxi y el sonido de la puerta al cerrarse resonó más fuerte de lo normal en el aire tranquilo de la tarde. La casa estaba en silencio, casi pacífica. Betty y mi madre se habían llevado a los niños al parque.Subí las escaleras, mi cuerpo pesado no solo por el embarazo, sino por el peso de las palabras de Dominic. Necesitaba agua caliente. Necesitaba lavar el miedo y la confusión de mi piel, aunque solo fuera por una hora.En el baño, abrí el grifo y observé cómo la bañera comenzaba a llenarse. El vapor empezó a elevarse en espirales suaves, empañando el espejo. Vertí unas gotas de aceite de lavanda, el aroma envolviéndome con una promesa frágil de calma. Paz
Leer más