POV. Amelia
El coche se detuvo frente a la cafetería y mi primer pensamiento fue que no era en absoluto lo que esperaba. No era un lugar discreto, ni tenue, ni escondido entre calles secundarias como habría imaginado. Era un espacio de lujo, con paredes de cristal que se elevaban desde el suelo hasta el techo, revelando un interior minimalista, impecable y elegante. Cada detalle parecía calculado para impresionar: sillas de cuero, mesas de madera clara, iluminación que caía en haces perfectos