POV. AdrianEl timbre rasgó el silencio de la madrugada, un sonido agudo que me atravesó la cabeza como un cuchillo. Parpadeé, intentando orientarme, apoyado casi por completo en el cuerpo firme de Ethan. La puerta se abrió unos segundos después y, a través de la bruma espesa del alcohol, la vi.Amelia.El tiempo se contrajo hasta reducirse a su figura en el umbral. Llevaba el cabello suelto, ligeramente revuelto por el sueño, y un camisón claro que contrastaba con la penumbra del vestíbulo. Su expresión pasó de la sorpresa por la hora a una alarma limpia, devastadora. Sus ojos me recorrieron con una rapidez que dolía más que cualquier golpe: la camisa arrugada y manchada, el cabello en desorden, el labio todavía inflamado, la torpeza evidente con la que apenas me mantenía en pie.Ethan carraspeó con suavidad, incómodo, pero no soltó mi brazo.—Amelia… —la saludó con un gesto breve de cabeza—. Perdona la hora. No estaba en condiciones de conducir. Pensé que lo mejor era traerlo direct
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