Capítulo 51Arya.El humo negro que emanaba de Elian no era neblina, era algo vivo, una extensión de su propia furia que se enroscó en el brazo del mercenario como una serpiente oscura. El hombre ni siquiera tuvo tiempo de gritar; en cuanto las sombras tocaron su piel, sus ojos se pusieron blancos y se desplomó contra el suelo, rígido, con el rostro congelado en una mueca de horror absoluto.Estaba vivo, pero su mente ya no habitaba en su cuerpo.Con chasquido de Elian, la oscuridad retrocedió, desapareciendo en sus poros. Se quedó allí, pequeño y tembloroso, mientras en las paredes de la habitación de Thane empezaban a arder unas runas grabadas en un fuego negro que no quemaba, sino que enfriaba el aire.—¿Qué es esto? —susurré, acercándome a mi hijo.—No lo toques —la voz de Caín me detuvo. El guerrero, que había enfrentado a miles de enemigos, estaba retrocediendo con la espada temblando en su mano—. Arya, eso no es... eso no es de este mundo.Miré las paredes. No sabía por qué, pe
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