Capítulo 63Arya.Me ajusté la bata de baño de Dorian y tomé la jarra de las manos de Elian. Acerqué la nariz al borde y un olor ácido, como azufre mezclado con cobre, me revolvió el estómago.—Dorian, esto no es suciedad común —dije, mi voz recuperando la frialdad de siempre—. Huele... diferente.Dorian salió de la bañera, envolviéndose en una toalla de la cintura para abajo. —¿Qué tan grave puede ser? —preguntó, mirando el agua como si fuera un enemigo al que pudiera atravesar con su espada.—Si está en la jarra de Elian, está en las cisternas principales de la mansión. Y si está allí... —hice una pausa, sintiendo un nudo en la garganta—. Está en los pozos de la ciudad. Elian, cariño, ve a la cama. No bebas nada, ¿me oyes? Nada que no te entregue yo personalmente.El niño asintió, asustado por la seriedad de mi tono, y regresó a su habitación.Me arrodillé en el suelo del baño, donde guardaba un pequeño kit de emergencia que siempre llevaba conmigo. Vertí una muestra del agua en un
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