Después de revisar algunas piezas en proceso y escuchar a Lucien explicar las líneas de la próxima colección —“poder, legado, segundas oportunidades”, ironías del universo—, Peter decidió seguir con el recorrido. La llevó por algunos despachos clave, le presentó a directores de área, jefes de producción, responsables de distribución. Emma memorizaba rostros, nombres, funciones, pero sobre todo sensaciones: quién la miraba con respeto, quién con recelo, quién con abierta curiosidad. Al final, su padre la condujo a lo que sería su nuevo centro de operaciones. Su oficina. Las puertas se abrieron y Emma se encontró frente a un espacio amplio, luminoso, con ventanales que daban a la ciudad como si esta fuera un mural personal. Un escritorio grande pero no ostentoso, una mesa redonda para reuniones pequeñas, un sofá cómodo en tonos neutros, una estantería aún semivacía esperando llenarse con carp
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