Osvaldo se quedó sin palabras, congelado en su lugar, su mente, tan ágil para las cuentas y los negocios turbios, se detuvo.Ares Zabet.Osvaldo, aunque quería hablar, sus labios no respondían, las manos comenzaron a sudarle, la magnitud de lo que Marta acababa de confesar empezaba a desplegarse ante él, como un mapa lleno de peligros, fraude, manipulación de muestras, consentimiento atropellado, un magnate implicado, una mujer usada como recipiente... y su hija, en medio de todo.Mientras lo observaba, Marta llegó a una conclusión desagradablemente familiar, Osvaldo también se parecía demasiado a Darío, esa misma falta de reacción, ese miedo que los congelaba y les impedía pensar con claridad, hombres que se dejaban aplastar por las circunstancias hasta que alguien, como ella, decidía usar esas circunstancias a su favor.Por suerte, ella no era así, ella no se paralizaba, ella movía las piezas.—El problema. —continuó Marta, como si estuviera hablando del clima— Es que ahora todo ha
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