Pilar siguió a Ares en completo silencio hasta el automóvil, no era miedo a preguntar, ni mucho menos, solo era esa certeza incómoda de que la pregunta adecuada solo podía hacerse a solas, sin oídos ni miradas alrededor, fue por ello, que apenas la puerta del vehículo se cerró y el mundo quedó reducido a ellos tres, Ares, ella y la pequeña que se movía en su vientre, Pilar dejó salir lo que llevaba atorado en la garganta.
—¿Qué es lo que sabes de Daniel? —disparó sin rodeos— ¿Bajo qué cargos pi