El caos se había desatado fuera de la oficina del CEO de TEO&ELY.Los pasillos, siempre pulcros y silenciosos, parecían otro lugar, computadoras olvidadas a medio usar, tazas de café detenidas a centímetros de los labios, reuniones interrumpidas de golpe, ya que los empleados se habían agolpado como podían, asomándose entre cubículos, pegándose a los cristales, estirando el cuello para ver mejor, y aunque nadie hablaba en voz alta, el murmullo era un zumbido constante, nervioso, incrédulo.Daniel Duarte, el hombre que durante años había sido el intocable, el impecable, el ejemplo perfecto del éxito… caminaba ahora con las manos esposadas, custodiado por dos agentes de policía, y su impecable traje no bastaba para ocultar el brillo metálico de las esposas, ni el temblor apenas perceptible en su mandíbula.Algunos empleados se cubrieron la boca con la mano, otros se miraron entre sí con los ojos desorbitados, como si esperaran que alguien dijera que todo era una mala broma. Nadie se atr
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