Clara observaba a Williams y su corazón latía con desenfreno, acababan de hacer el amor, la joven comprendió la diferencia, ¿cuántas veces había estado con Daniel?, no lo recordaba, aunque claro que Daniel no había sido el único, y aún así, nadie jamás había hecho vibrar su cuerpo, como lo hacía Williams, no era la experiencia del mayor, era más bien la dulzura, esa casi reverencia en la forma de acariciar su cuerpo, de hundirse en ella, como si fuera un acto sagrado.
—¿El desayuno no es de tu