Carlo sale corriendo del cementerio, el chofer lo llama varias veces, pero este no responde, no reacciona.Siente que le falta el aire, que no puede respirar o que su corazón ha dejado de latir. Corre por la calle, hasta llegar a un río que pasa por debajo de un sencillo puente peatonal. Se cae de rodillas en la piedra desgastada por el paso de la gente y las náuseas lo atacan enseguida.Expulsa bilis y aire, no tiene nada más dentro de él, más que dolor, sufrimiento y amargura. No puede creer que perdiera a Andrea por ser tan idiota, tan superficial.Lo que él cree que es amor, tal vez sea solo remordimiento por todo lo que le hizo, o un orgullo herido porque ella fue quien lo dejó, lo cierto es que ese hombre está ahí, de rodillas frente a un río que corre sin parar, como la vida y el tiempo.—¿Por qué…? Andrea, no tenías que morirte así, sola… ¿Por qué no te vi antes, hermosa?Un trueno se oye a lo lejos, Carlo levanta el rostro y llora con amargura al mismo tiempo que la lluvia co
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