Andrea está descansando sola en su cuarto, Sebastián le regaló una almohada que puede abrazar, pero no es suficiente. No tiene calor, brazos duros o esa respiración lenta que la relaja, es solo un trozo grande de tela relleno con algo.
Se levanta al baño, no sabe qué hora es, pero necesita refrescarse un poco y quitarse la sensación de que Ian le mintió, porque las pruebas están en todos lados, en todos. Sus padres ya lo corroboraron y hablaron con ella acerca de estar tranquila, porque los Norambuena se quedaron sin nada.
Pero no es suficiente.
Lo quiere ahí, que le repita y le diga que ella es la única, aunque no esté enamorado, aunque no sea un amor intenso… quiere saber que es la única.
Un suspiro largo y melancólico abandona su cuerpo, acaricia su vientre y sale mirándolo del baño.
—Necesitamos a papá aquí… para que nos recuerde que no quiere a nadie más, que no necesita a otra mujer… para no extrañarlo tanto…
Se mete en la cama, intenta buscar la almohada, pero se encuentra con