Carlo sale corriendo del cementerio, el chofer lo llama varias veces, pero este no responde, no reacciona.
Siente que le falta el aire, que no puede respirar o que su corazón ha dejado de latir. Corre por la calle, hasta llegar a un río que pasa por debajo de un sencillo puente peatonal. Se cae de rodillas en la piedra desgastada por el paso de la gente y las náuseas lo atacan enseguida.
Expulsa bilis y aire, no tiene nada más dentro de él, más que dolor, sufrimiento y amargura. No puede creer