Gregorio se quitó la máscara de oxígeno del rostro y, con esfuerzo, se sentó en la cama ignorando el dolor en su cuerpo, mientras la máquina de monitoreo pitaba.
Unos segundos después, médicos y enfermeras entraron en la habitación junto a Dominic, Alexander y César.
–Señor, por favor, cálmese– pidió el médico mientras intentaban sujetarlo.
–¡QUÍTENME ESTAS COSAS! ¡MELISSA, NECESITO SALVAR A MELISSA, APÁRTENSE!–
–El paciente está en agitación post-coma. Preparen Midazolam– dijo el médico que in