POV: CatalinaEl cuarto de seguridad de la galería parecía un búnker bajo ataque.Layla estaba sentada en una silla, llorando en silencio, con la elegancia rota de una estatua caída.Vivienne caminaba de un lado a otro como una leona herida, apretando el teléfono contra su pecho.Zara estaba hecha un ovillo en el suelo, con la cabeza entre las rodillas, murmurando en yoruba y portugués.El aire olía a pánico.—¡Nos ha vendido! —gritó Vivienne, deteniéndose frente a mí—. ¡Te lo dije, Catalina! ¡Te dije que no podíamos confiar en ella! ¡Es una mujer que vende su cuerpo por hoteles!—Calla, Vivienne —dije. Mi voz sonó tranquila, pero por dentro estaba temblando.—¡No me callo! —Vivienne señaló la pantalla negra donde habíamos proyectado el audio—. ¡La has oído! ¡Se ha reído de nosotras! ¡Me ha llamado histérica! ¡A ti te ha llamado delirante!—Es su voz —susurró Layla, levantando la cara manchada de rímel—. Es su risa. No hay duda.—Zara —llamé a la chica.Zara levantó la cabeza. Tenía l
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