El barranco se tragó su figura. Luca todavía recordaba aquel instante con una claridad cruel: el vacío repentino, su propio grito desgarrador que se perdió entre los disparos lejanos, la caída interminable y, finalmente, el silencio.Jamás encontraron el cuerpo. Los hombres de Vincenzo buscaron durante días, pero el barranco era profundo, traicionero, con corrientes subterráneas y rocas afiladas. Nadie sobrevivía a algo así. Nadie. Luca mismo había bajado con cuerdas en un intento desesperado, regresando con las manos vacías y el alma hecha trizas.Todavía recordaba aquella misma noche, años atrás. Cuando tuvo que contarle todo a Dante. Había sido una de las conversaciones más duras de su vida. Dante había salido de la villa de Vincenzo sin mirar atrás, su rostro estaba pálido como la muerte y los ojos vacíos. No había hablado. Simplemente se había movido como un fantasma, como si ya no quedara nada dentro de él, Luca lo había seguido en silencio, porque sabía que no podía dejarlo sol
Leer más