El tercer día en el set comienza como si nada hubiera cambiado, aunque para mí todo es distinto.Llego temprano, no por ansiedad sino por necesidad. Necesito observar el lugar antes de que se llene, recorrerlo sin ruido, recordar que este espacio ahora también me pertenece, aunque sea de forma provisional. Mientras camino entre cables y estructuras metálicas, saludo con un gesto breve a quienes ya me reconocen. No busco conversación. Tampoco la evito. Simplemente sigo mi ritmo.El plan no requiere prisa.Requiere constancia.Me asignan una escena corta con Daniel, apenas un intercambio que sirve de transición en la historia. Nada emocionalmente intenso, lo cual me favorece. A estas alturas sé que lo complicado no es actuar cuando todo está escrito para desbordarse, sino cuando hay que sostener lo mínimo sin desaparecer.Mientras espero mi turno, reviso el texto una vez más, aunque lo conozco de memoria. No es inseguridad. Es una forma de anclarme.—Buenos días —dice alguien a mi lado.
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