La noche continuaba. El salón Imperial era el tipo de lugar que marcaba la diferencia entre los hombres que se consideraban poderosos y aquellos que solo lo eran en su imaginación. Con sus altos techos ornamentados y candelabros que brillaban como estrellas, el lugar exudaba una sofisticación que ocultaba las sombras de las almas que lo habitaban esa noche. Axel Fort, en su elegancia impersonal, se deslizaba entre las mesas, definitivamente era el hombre que no necesitaba hacer ruido para que todos lo escucharan. Sus ojos grises, fríos como el metal, se cruzaban con los de las mujeres que lo rodeaban, y ellas, como siempre, se acercaban con miradas cargadas de intenciones. Él no las rechazaba, ni siquiera las desatendía. Estaba acostumbrado a ese juego.Catalina, había decidido quedarse atrás. Mientras él interactuaba con sus socios, ella se sumía en el juego en la zona VIP, ese rincón apartado donde las luces eran más tenues y la atención no se dispersaba. El juego, un enigma de luce
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