Un silencio tenso, denso y embriagador, se apoderó de la mesa, un abismo se abría entre ellos.— ¡Interesante! Entonces... podemos seguir teniendo sexo.—dijo ella sin apartar la vista del documento. Su tono era mordaz, despojado de cualquier ternura.Derek frunció el ceño, completamente desubicado. Entendía que ella no sentía nada por él, pero en su arrogancia, creía que los momentos de intimidad que surgían entre ellos eran, al menos, especiales y mutuos.— ¿Lo que pasa en esa habitación... para ti es solo sexo? —Su voz contenía una nota de dolor que no pudo ocultar.Ella acomodó su postura, acarició su vientre, la única evidencia de su conexión real, y lo miró fijamente, con los ojos duros.— Sí, Derek. Solo sexo. Veo que para ti este matrimonio sigue siendo solo un contrato. Una mera transacción para asegurar que tu hijo nazca bajo el apellido Torres.— Te equivocas, Naomi, para mí este matrimonio es... —empezó él, la negación ardiendo en su garganta, pero fue interrumpido.— ¡Dere
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