CAPÍTULO — Cuando la vida se aferra
La ambulancia avanzaba con las sirenas abiertas, cortando la noche como un grito sostenido que parecía negarse a apagarse, un sonido agudo y persistente que marcaba el pulso de una urgencia que no admitía demoras. Cada vibración del vehículo se le metía en el cuerpo a Carolina, mezclándose con las luces blancas que parpadeaban sobre su rostro y con las manos rápidas del personal médico, que se movían con precisión mientras las voces se superponían entre indic