CAPÍTULO 90 — Cuando la vida se aferra
La ambulancia avanzaba con las sirenas abiertas, cortando la noche como un grito que se negaba a callarse. Cada vibración del vehículo se le metía en el cuerpo a Carolina, mezclándose con las luces blancas que parpadeaban sobre su rostro y con las manos rápidas del personal médico, que se movían con precisión mientras las voces se superponían entre indicaciones técnicas y palabras destinadas a mantenerla consciente.
Carolina permanecía recostada, con el c