CAPÍTULO 87 — La sala de juntas
Carolina sabía que ese día no iba a ser como todos los demás. Llegó a la empresa acompañada por Lourdes cuando todavía no eran las nueve de la mañana. El edificio estaba despierto, pero inquieto, como si supiera que ese día no iba a ser uno más. Los pasos resonaron en el hall principal, donde ella caminó con seguridad, los lentes oscuros bien puestos, el mentón en alto y el cuerpo erguido.
Nadie imaginaba que, detrás de esos cristales, uno de sus ojos ya veía ba