CAPÍTULO — Verdad visible
Sandy salió de la casa de su madre con una idea fija latiéndole en la cabeza.
Ese bebé no iba a nacer.
Lo había decidido mientras caminaba, con el cuerpo rígido, los pensamientos desordenados y una rabia que ya no distinguía límites. Creía que era el hijo de Mauro, ya debía de estar de seis o siete meses, por ahí, y ese pensamiento la enloquecía.
¿Cómo se salvó? Yo vi la sangre, no pudo haberse salvado, se repetía una y otra vez. Creía que Carolina, una vez más, est