CAPÍTULO 81 — Lourdes
La casa esa tarde estaba muy silenciosa cuando Carolina escuchó su voz en el comedor.
No fue un sonido invasivo, pero sí firme.
Una voz que no entró pidiendo permiso, pero tampoco imponiéndose.
—Buen día, Carolina. Soy Lourdes.
Carolina giró apenas el rostro, con los lentes oscuros puestos, como si necesitara ubicarla en el espacio.
—¿Lourdes…? —repitió—. No sabía que venías.
Ignacio apareció detrás, con ese tono calmo que siempre lo caracterizaba, tan distint