Lentamente Fiorella abrió los ojos, intentó levantarse pero no lo consiguió, se encontraba atada una silla, su cabeza dolía, pero aún así no se pensaba rendir. Lo que para ella había sido unos cuantos minutos, la verdad era que había transcurrido una noche entera, sus ojos se humedecieron, se sentía tonta, pero al mismo tiempo se sentía segura, ahora sabía el paradero de su hijo. Sus labios estaban secos, su cuerpo cansado, pero no gastó su aliento para pedir agua, su propósito era claro, recuperar a su hijo a como diera lugar. —Leticia, por favor hermana no le hagas daño a mi pequeño hijo, libéralo y podrás hacer conmigo lo que desees —una risa que provino desde la oscuridad hizo que la piel de Fiorella se tornara de puntitos.Pasos pesados se acercaron a ella, Fiorella junto los labios, su cuerpo estaba cansado, cada movimiento le costaba, pero aún así fijó la mirada hacia aquella dirección.Se trataba de Mauricio, él se acercó mostrando que lo disfrutaba, con aquella sonrisa mal
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