—No lo conozco. Me confundió con otra persona. Toma las fotos y punto —dijo finalmente Isabella con indiferencia. A los demás les dio pena que no se conocieran, pero estaban contentos con las fotos firmadas; algunas aún olían a tinta fresca. Simon era mucho más famoso que Lindsy. Con la foto autografiada de Simon, nadie se interesaba ya por Lindsy. Michelle apretó los dientes, furiosa, con las diez fotos aún en la mano. Todos se habían acercado a ella antes, pero después de lo de Isabella regresaron a sus asientos y la ignoraron. —¿Alguien quiere la foto autografiada de mi prima? —preguntó Michelle. Nadie respondió. Enferma de rabia, Michelle se sentó y lanzó a Isabella una mirada cruel. Creyendo que la cámara aún estaba en manos de Isabella, su gesto se volvió todavía más hostil. Isabella nos ha estado engañando y burlándose de todos. Debo arruinarla de una vez por todas, para que ni siquiera pueda defenderse. pensó Michelle. La clase se calmó. Chelsea, algo dubitativa, quiso
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